viernes, 27 de abril de 2012

Quisiera ser tu sol,
para alumbrar tu día,
y yu luna, para velar
tus sueños.

Tu exterior,
siempre llama la atención,
pero tu interior,
llama a mi amor.

En la oscuridad de mi cuarto,
me pongo a pensar
en los días que faltan,
para poderte besar.

Si el amor se contara
como se cuenta el dinero,
más de un siglo tardaría en 
contar lo que te quiero.

Quisiera ser palabra de amor,
para estar en la posesía
de tus ojos.

A mí me gusta la nieve,
y el helado,
pero lo que más me gusta,
es estar a tu lado. 

Los pobres piden limosna,
los presos piden libertad,
yo solo te pido,
que no me dejes de amar.
 
 
 
 
 
 
Porque el destino mira siempre al frente,
porque los cuatro puntos desleales
de mi vida se pierden en un mapa
cada vez más pequeño, yo diría,
aprovechando que no me oye nadie,
unas palabras, una frase, algo
más que esos versos. Porque si el destino
es una línea recta, si hay un norte
orientado a las luces de poniente,
yo quisiera decir o ser el eco,
tan sólo el eco ya, de algún poema,
aprovechando que no lee nadie
en este libro abierto de mi vida.
 
 
 
El hombre que resiste
es menos infeliz, acusa poco
la llegada del mal a sus dominios,
ignorando si hay viento
de levante o poniente,
o si en sus tentaciones
ha crecido la hierba.
Cuántas veces el cuerpo está llagado
hasta el punto de ansiar la sepultura.
Pero nada termina
por derrotar al hombre
que ha visto su victoria ya de lejos,
aunque apenas le queden
fuerzas para arrancarla al enemigo.
Cuántas veces la débil naturaleza sirve
de escudo atemperado
contra alguna supuesta rebeldía.
Pero aquél que resiste llega a vivir del todo,
enraizado en la oculta verdad que le define.
 
 
Ajena a la cordura, con la pasión al hombro ensangren-
tado por breves mordeduras de placer, camina.
Nadie le ha dado un nombre. Todavía retumban en la plaza
las aguas silenciosas del olvido, ciegas en la distancia de
los cuerpos.
Nadie la ha despojado. No hay más verdad que la que lleva a
cuestas con los ojos abiertos y la palabra humilde.
Porque
nunca en el hartazgo del amor conoció el límite, el
resplandor inmóvil del ahorcado.
Ella sola es un cuerpo y su pregunta.
Ella, una ofrenda y una túnica de esparto.
Ella, la menor de todas las hermanas de la tierra, la que
acaba de nacer y pide un canto, la que teje de día
los hilos translúcidos de las mareas, la que teje de noche
el manto negro del amor inmóvil.
Ella, los pezones erectos, implora una vasija donde albergar
la leche que un fauno va extrayendo con un diente de
oro.
 
 
Como el alma que canta por sí misma
en su limpia casa de cristal
Hermann Broch
Tuve que viajar a Nevada para verte. Una gran planicie rodeaba la casa
donde me esperabas con una túnica blanca, más alta que de costumbre.
Presentí que la casa existía en la memoria, cosa que confirmaste atrave-
sando con tu brazo el hielo que suplantaba ahora a las paredes. Acos-
tumbrada a esconderme en las palabras, quise darte una carta. Esa carta
hablaba de las diferencias del río: lo que fue, lo que es, lo que será. Pero
vos eras el río y la imagen del río, visto desde la altura (quiero decir,
la furia misma). Me miraste, morada de ternura, bajo el color inconstante
de la niebla. Terminé por tratar de pinchar la carta a tu plumaje pero te
negaste, afable, como quien aprecia el esfuerzo de simular lo imposible.
El pico tembló ligeramente. Me dejaste a merced de la felicidad, contem-
plándote, ahora que eras un enorme pájaro blanco.

Juega como los pájaros y el viento
y yo, como los pájaros y el viento
le traje a mí, cuando me di al amor.
Juega como los pájaros y el viento
porque toda la tierra es su elemento
aunque le cerquen ya muerte y dolor.
!No podrá defenderlo tu ternura!
Es bello el sol, pero la tierra es dura ….
¡Teme al amor! ¡Huye al amor , mujer!
La nube es clara, pero el hombre es fiera,
y ¡ay! es mejor que en tus entrañas muera
que bello es ser, pero es mejor no ser.


¿Dónde se fué mi vida?
¿Dónde se fué mi vida
cuando se fué mi estrella?
¿Si huyó de mí, quién sabe,
o es que no puedo verla?
¿Es que me cogió el alma
una brutal ceguera?
¿Se ha anulado mi tacto
que palpa sin que se sienta?
¿Mientras estás conmigo
me destroza tu ausencia?
¿Me llamas y me besas
sin que escuche ni sienta?
¿Me oprimes en tus brazos
mientras te sueño muerta?
¿Tú, huirte? ¿Tú dejarme
en soledad inmensa?
¿O es la locura acaso
quién puebla mi conciencia?
¿Es verdad que te llamo
sin alcanzar respuesta?
¿Pido, inútil, tu amparo
mientras alguien me acecha?
¿Grito y tú no respondes?
¿lloro y tú no me besas?
No, tú me abandonas…
¡Yo me he tornado ciega!
Tú no me abandonaste:
fui yo como antes fuera…
Me llamas y no escucha
mi corazón de piedra.
La luz ya no me sirve
para verte con ella.
Mis manos ya no logran
palpar carne tierna.
Ni mis labios alcanzan
el beso que me entregas.
Perdí yo los sentidos
con que te adoré ciega,
y mi alma mutilada
que al no vivir no vuela,
me ha dejado una vida
que no alcanza a tu estrella …
¡No penetra tu grito
tras la muralla eterna!
Si lograra tu cielo,
o bien tu noche negra …
No quiero aire, si no es
ese tu aire de seda.
Quiero cortarte rosas:
las que en tus prados crezcan.
Quiero la noche obscura
en donde tu alma duerma
Quiero tus mares hondos
o bien tu obscura piedra.
Quiero un hueco en la almohada
donde está tu cabeza.
¡Quiero ese cielo azul
donde acaso te encuentras!…
¡Reza dulce rosarios
con tus manos de seda!.
¡Dale a Dios tu sonrisa
para que a ti me vuelva,
y a tu hermana la Virgen,
acércate, hechicera !…
¡Qué me dé lo que tienes,
que me dé lo que tengas:
la vida en donde yazgas,
la muerte, si estás muerta!.


Un ardiente rumor como de labios
tu voz tu grito es la espesura que arde
que ilumina la orilla
una queja tan dulce que humedece los ojos
que funde las nevadas y los siglos



 

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Mentes grandes discuten ideas, mentes promedios discuten sucesos, mentes pequeñas discuten con la gente. Dios da a cada ave su alimento, pero El no se las lanza dentro de su nido.

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